Gonzalo, un niño de dos años, murió durante el traslado en ambulancia a un hospital tras presentar un cuadro grave con vértigos, mareo y fiebre. Pese a que el niño mostraba signos evidentes de insuficiencia respiratoria, como labios azules y una saturación del 80%, la atención inicial fue tardía y deficiente. Tras una analítica que detectó infección, no se trató ni se informó adecuadamente a los padres.
El traslado se efectuó en una ambulancia sin médico, solo con un auxiliar de enfermería, a un hospital privado con unidad de cuidados intensivos ubicado a media hora de distancia, en lugar de al hospital público más cercano, a cinco minutos. Gonzalo llegó en parada cardiorespiratoria con una saturación aún más baja, y a pesar de los esfuerzos de reanimación durante una hora, falleció.
Los padres han presentado una demanda legal contra el hospital y la aseguradora, acusando negligencia médica y exigiendo responsabilidades por un traslado y atención inadecuados que consideran evitables. El caso ha generado críticas sobre la gestión del sistema sanitario y la necesidad de protocolos más rigurosos en el traslado de pacientes graves.