No se puede comer en el metro: olores intensos y prisas cierran el estómago
En el metro, durante las prisas del día a día, comer se convierte en una odisea imposible. El vídeo captura el caos: turbulencia, empujones y olores intensos que invaden el espacio, especialmente en verano. María José y sus compañeros intentan lidiar con una pasta marinera, pero el aroma fuerte repele a todos. '¿Cómo me como yo esta pasta marinera?', se pregunta, mientras ofrece un poco a la vecina, que rechaza por el hedor. La conclusión es rotunda: al entrar en el metro, el estómago hace 'clic' y se cierra. Nada entra, sobrevives a duras penas al trayecto sin probar bocado.