En entornos cerrados como un barco o una casa, el contagio de virus se produce por contactos estrechos entre personas. La saliva microscópica que se expulsa al hablar, como en una conversación frente a una cerveza, representa un riesgo directo, similar a lo ocurrido en una fiesta en Argentina.
Otros escenarios incluyen visitar a un amigo enfermo para llevarle zumos o té, pasar horas acompañándolo, o limpiar camarotes con sábanas y toallas de pacientes, liberando virus al sacudirlas. El personal sanitario, como enfermeras que exploran o pinchan a enfermos con síntomas iniciales de gripe, también queda expuesto aunque usen protección básica.
La azafata que calma y abrocha el cinturón a un pasajero altamente contagioso enfrenta un contacto similar al de un cuidador informal. A diferencia del COVID o la gripe, en un mes solo se registraron 8 casos en el barco, confirmando potencialmente un noveno, lo que resalta la menor transmisibilidad.